Especialistas advierten sobre la depresión en adultos mayores: anhedonia e irritabilidad son señales clave de alerta

Adulto mayor recibiendo acompañamiento y atención médica integral de salud mental
Expertos en geriatría y salud mental llaman a no confundir tristeza o aislamiento con el envejecimiento natural.

Perder el interés en actividades cotidianas que antes producían satisfacción, aislarse de la convivencia familiar, experimentar desajustes severos en los ciclos de sueño, manifestar inapetencia o mostrar una irritabilidad constante son manifestaciones conductuales que con frecuencia se justifican de manera errónea como un proceso ‘esperable’ del envejecimiento. Sin embargo, especialistas en salud mental y geriatría alertaron que estos síntomas corresponden a cuadros de depresión clínica que exigen atención profesional oportuna.

De acuerdo con estadísticas epidemiológicas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 5.4% de las personas de 70 años o más a nivel global convive con algún trastorno depresivo. El organismo sanitario ubica a la soledad no deseada y el aislamiento social como los factores de riesgo más determinantes para el deterioro de la calidad de vida en esta etapa.

“Uno de los principales errores culturales es que tendemos a homologar la vejez con la depresión. Asumimos como algo normal que un adulto mayor deje de convivir, pierda la ilusión por sus pasatiempos o permanezca recluido en silencio. Pero cuando existe un cambio sostenido en su estado de ánimo y en sus dinámicas relacionales, es urgente detenernos e intervenir profesionalmente”, explicó el Mtro. Rodrigo Márquez de la Serna, especialista en salud mental con más de dos décadas de trayectoria en instituciones de alta especialidad psiquiátrica.

El experto detalló que, a diferencia de los jóvenes o adultos en edad laboral, la depresión en personas de la tercera edad no siempre se expresa a través de llanto o tristeza manifiesta. Con frecuencia se presenta como quejas somáticas persistentes, fatiga extrema, dificultad para concentrarse, pérdida de apetito o un incremento abrupto en los niveles de dependencia física.

Factores vivenciales como el duelo por el fallecimiento de la pareja o contemporáneos, la pérdida de autonomía por enfermedades crónico-degenerativas, la jubilación sin un proyecto ocupacional estructurado y la desconexión del entorno social profundizan la vulnerabilidad emocional.

“En el cuidado geriátrico debemos trascender la administración farmacológica y reconocer la biografía, la dignidad y el valor emocional de cada individuo. La familia y los cuidadores juegan un papel insustituible cuando saben detectar variaciones a tiempo y buscan orientación sin juzgar”, añadió el Dr. Octavio Márquez Mendoza, profesor-investigador de la UAEMéx y doctor en bioética médica adscrito a la residencia Los Alcatraces Senior Living en Metepec.

Los profesionales en salud enfatizaron que solicitar apoyo médico y psicoterapéutico no implica que la persona deba ser despojada de sus decisiones. Envejecer no significa renunciar a la capacidad de proyectar metas, gozar de autonomía y sostener vínculos afectivos enriquecedores. Ante alteraciones prolongadas, la directriz institucional es acudir a valoración geriátrica o psiquiátrica especializada y erradicar por completo la automedicación.

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Redacción editorial de Noticias Apyt.