La patología inflamatoria crónica trasciende las lesiones cutáneas y se asocia con comorbilidades articulares, cardiovasculares y metabólicas que demandan un abordaje clínico personalizado.
CIUDAD DE MÉXICO — En el marco del Día Mundial de la Psoriasis, que se conmemora el 29 de octubre, especialistas médicos llaman a visibilizar la carga psicoemocional de esta enfermedad inflamatoria crónica que afecta a cerca de 100 millones de personas a nivel global y a aproximadamente 2.5 millones de mexicanas y mexicanos, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Secretaría de Salud. Investigaciones publicadas en el Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology revelan que la depresión puede presentarse hasta en el 62% de quienes viven con este padecimiento, lo que refuerza la necesidad de un enfoque integral dentro de la agenda de salud pública y bienestar emocional en México.
Originada por una aceleración inmunológica en la renovación celular de la epidermis que provoca placas, descamación, prurito y dolor, la psoriasis suele vincularse también con artritis psoriásica —que compromete articulaciones, tendones y ligamentos—, así como con afecciones cardiovasculares y metabólicas. En la población femenina, estudios publicados en el Journal of Clinical Medicine documentan que los cambios hormonales en las distintas etapas reproductivas influyen directamente en la evolución y severidad de los brotes, sumándose a una mayor prevalencia de estrés y sentimientos de soledad.
“Vivir con psoriasis implica retos que van más allá del control de los síntomas. Cada mujer enfrenta circunstancias y necesidades distintas a lo largo de su vida, por lo que contar con un acompañamiento médico adecuado y alternativas terapéuticas personalizadas puede hacer una diferencia significativa en su bienestar y calidad de vida”, explicó la Dra. Kira Chávez, Gerente Médica del área de Dermatología para Organon Latinoamérica.
De acuerdo con las guías de práctica clínica de la Academia Mexicana de Dermatología, el país dispone actualmente de un abanico terapéutico que abarca desde tratamientos tópicos hasta terapias sistémicas y biológicas de alta especificidad, cuya prescripción debe ajustarse al perfil clínico, etapa de vida y comorbilidades de cada paciente.
“Además del control de los síntomas, una atención integral debe considerar también el bienestar emocional y la calidad de vida, aspectos que pueden verse impactados por la psoriasis a lo largo del tiempo. Por ello, promover información clara y la búsqueda de atención especializada forma parte de nuestro compromiso con una atención que considere tanto la salud física como el bienestar emocional”, puntualizó la especialista.
Equipo de redacción

















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