Más de 23 millones de mexicanas enfrentan la transición climatérica mientras especialistas demandan diagnósticos diferenciales oportunos y acceso informado a terapias de reemplazo hormonal
En el marco de la instauración formal del 18 de octubre como el Día Nacional de la Menopausia, la comunidad médica mexicana encendió alertas respecto a un desafío de diagnóstico poco visibilizado: la superposición sintomática entre el climaterio y las disfunciones tiroideas, particularmente el hipotiroidismo. Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que en el país radican más de 23 millones de mujeres de 40 años o más que transitan o han transitado estas etapas biológicas, enfrentando tanto estigmas culturales como brechas en la atención clínica de primer nivel.
La similitud clínica entre el déficit de estrógenos y la baja producción de hormonas tiroideas provoca que una proporción considerable de pacientes curse entre siete y diez años con fatiga crónica, aumento de peso refractario, niebla mental, insomnio y fluctuaciones anímicas severas sin un tratamiento acertado. De acuerdo con especialistas en endocrinología, atribuir automáticamente estos cuadros a los cambios propios de la edad retarda la prescripción de esquemas terapéuticos integrales que devuelvan la funcionalidad metabólica y cognitiva.
“A menudo, una mujer asume que sus bochornos, cansancio o insomnio son ‘simplemente la edad’ o el inicio de la menopausia, cuando en realidad podría estar enfrentando un trastorno tiroideo no diagnosticado, o una combinación de ambos. Confundir estas dos condiciones retrasa el acceso al tratamiento adecuado y prolonga de forma inútil el deterioro en la calidad de vida de la mujer”, señala la Dra. Lourdes Basurto, Endocrinóloga.
Por su parte, la salud cardiometabólica femenina adquiere una relevancia crítica durante esta ventana fisiológica. En México, a contracorriente del panorama global, la tasa de mortalidad por patologías cardiovasculares en mujeres continúa mostrando una curva ascendente. La pérdida de la protección estrogénica desencadena alteraciones en el perfil lipídico, rigidez arterial e incremento de la presión sanguínea, factores que se potencian si existieron antecedentes gestacionales como preeclampsia o diabetes.
“Si bien con la edad se acumulan factores de riesgo tradicionales, como diabetes, hipertensión u obesidad, la pérdida de la protección hormonal femenina incrementa notablemente el riesgo cardiovascular. A diferencia de la tendencia mundial, en México la mortalidad femenina por enfermedades del corazón sigue en ascenso, impulsada por cambios hormonales que descontrolan la presión arterial, el colesterol y el peso”, explica la Dra. María Alejandra Madrid, cardióloga clínica.
Ante este escenario, colectivos médicos y organizaciones como Mujeres en Hormonía y Merck México enfatizaron la necesidad de protocolizar dos estudios indispensables: el perfil ginecológico y el perfil tiroideo simultáneos. Dicha evaluación permite estructurar una Terapia de Reemplazo Hormonal (TRH) supervisada y personalizada, la cual preserva la densidad ósea y protege el endotelio vascular, combinada con la sustitución precisa de levotiroxina en casos de falla tiroidea coexistente.
“La menopausia no es el fin de la juventud; es la entrada a una etapa de plenitud que ninguna mujer debe transitar con dolor ni desinformación. Es momento de hablar de hormonas abiertamente y sin miedo”, comparte Miriam Gaona, Brand Manager de Merck México.
Equipo de redacción













Leave a Reply