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Sismos y continuidad de negocio: La preparación empresarial va más allá de evacuar inmuebles

Edificio corporativo moderno con medidas estructurales de prevención sísmica y continuidad operativa

En un país con actividad tectónica permanente como México, la gestión del riesgo sísmico dentro del ecosistema productivo requiere transitar del cumplimiento reactivo de simulacros hacia una estrategia integral de resiliencia operativa. Datos del Servicio Sismológico Nacional (SSN) consignan que a lo largo de 2025 se contabilizaron 39,983 sismos en el territorio nacional. Si bien este volumen estadístico obedece en gran medida a la densificación de la red de monitoreo e instrumentación sismológica, la imposibilidad científica de anticipar estos fenómenos ratifica la urgencia de fortalecer la preparación estructural en el ámbito de los negocios y la industria.

De acuerdo con un análisis de la consultora global en riesgos y corretaje de seguros Marsh McLennan, la vulnerabilidad corporativa frente a un sismo de gran magnitud —como los registrados históricamente en el mes de septiembre— no concluye cuando el personal desaloja ordenadamente las instalaciones. Las secuelas operativas más complejas suelen detonarse en las horas y semanas posteriores: inmuebles temporalmente inaccesibles por revisiones periciales, cortes en el suministro de energía eléctrica o telecomunicaciones, ausentismo laboral por emergencias familiares y, de forma crítica, la parálisis de proveedores clave que interrumpe la cadena de suministro en materia de seguridad física y patrimonial.

«La experiencia de contingencias pasadas demuestra que las consecuencias de un terremoto trascienden por mucho el daño material evidente. Integrar la continuidad operativa, la protección financiera, la gestión de la cadena de proveeduría y la seguridad integral de los colaboradores dentro de un mismo modelo permite consolidar la capacidad de respuesta y absorción de impacto», señaló Martha Porcel, Directora de Daños y Siniestros para Marsh Latinoamérica y El Caribe.

Entre las pautas prioritarias formuladas por Marsh destacan la identificación rigurosa de procesos críticos con tiempos máximos de recuperación tolerables, la evaluación técnica de la resiliencia operativa de contratistas externos y la revisión exhaustiva de las pólizas de seguro vigentes —haciendo énfasis en coberturas de interrupción de negocios, cláusulas de contingencia y deducibles aplicables—. La firma concluye que probar periódicamente los protocolos bajo escenarios de estrés real es la vía más efectiva para asegurar la supervivencia y solvencia de las organizaciones ante eventualidades telúricas.

Equipo de redacción

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