La transición hacia esquemas de descarbonización en los sectores pesados de la manufactura y la construcción en México exige modelos de economía circular capaces de reintegrar subproductos industriales a los ciclos productivos de alto valor. En este escenario, la compañía siderúrgica Gerdau Corsa inauguró una nueva Planta Recicladora Sustentable en el municipio de Tlaquepaque, Jalisco, instalación diseñada para fortalecer la infraestructura de captación, separación y procesamiento de chatarra ferrosa en la región occidente del país.
La nueva unidad operativa abarca una superficie de 25,000 metros cuadrados y dispone de una capacidad instalada para recibir y procesar más de 60,000 toneladas anuales de metales ferrosos. Con esta apertura, la compañía afianza un eslabón logístico y técnico clave que conecta directamente a recolectores, pequeños proveedores independientes y empresas de transporte con los hornos de arco eléctrico de la siderúrgica, optimizando el ciclo de reutilización de materiales que han concluido su vida útil en obras civiles, vehículos y maquinaria pesada, en sintonía con las metas de sustentabilidad reportadas por Noticias Apyt en el sector industrial.
En la actualidad, aproximadamente el 94% de la materia prima empleada por Gerdau Corsa para la fabricación de perfiles estructurales, barras y varillas en México proviene de acero reciclado. Esta proporción posiciona a la empresa como un referente en circularidad dentro del continente, generando una demanda continua de insumos secundarios que estimula las cadenas de suministro regionales y evita la saturación de los sitios de disposición final.
«Esta planta representa una inversión en una cadena de valor que genera oportunidades y permite aprovechar mejor los recursos que ya tenemos disponibles. Tlaquepaque se incorpora a una red que conecta el reciclaje con la producción de acero y, finalmente, con la infraestructura que México necesita para seguir desarrollándose», afirmó Mario Augusto, Gerente de Metálicos de Gerdau Corsa.
El reciclaje de chatarra ferrosa mediante hornos de arco eléctrico representa una reducción sustancial en el consumo energético de hasta un 75% en comparación con la extracción primaria de mineral de hierro, además de minimizar significativamente la huella hídrica y las emisiones de gases de efecto invernadero. La unidad de Tlaquepaque opera con procesos mecánicos de selección magnética, corte de precisión y densificación, garantizando estándares óptimos de pureza metalúrgica antes del traslado de la carga a los centros de fundición.
«Esta apertura fortalece el vínculo con quienes hacen posible que la circularidad ocurra. Detrás de la chatarra recuperada existe una red de personas y empresas que identifica, recolecta, clasifica y moviliza materiales para devolverlos al ciclo productivo. Con esta nueva planta buscamos acercarnos a nuestros proveedores de la región y procesar los materiales que posteriormente volverán a convertirse en acero», puntualizó el directivo.
Con esta expansión, la industria acerera en Jalisco robustece su perfil ambiental, consolidando una red operativa donde los materiales metálicos conservan su valor económico y se reincorporan a la infraestructura urbana y productiva de México.
Equipo de redacción











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