Por: Adrián Sotelo
El sector manufacturero y de exportación en México se encuentra en un punto de inflexión histórico. Lo que inicialmente se perfiló como una era dorada indiscutible bajo la narrativa del nearshoring, se ha transformado en un complejo escenario de resistencia donde la industria privada avanza a pesar de la densa incertidumbre geopolítica e interna.
Para desmenuzar esta realidad, la firma financiera Mundi convocó al conversatorio “Sector Manufacturero: la clave para el crecimiento de la economía mexicana”. En este espacio de análisis, líderes sectoriales y especialistas clave del país compartieron un diagnóstico contundente: el motor de la economía mexicana requiere certidumbre regulatoria y una verdadera facilitación comercial, dejando de lado los discursos en papel.

Un panel de expertos al frente de la industria manufacturera
La mesa de debate contó con la perspectiva de actores medulares para el desarrollo industrial y macroeconómico de México:
- Flor González, Directora General de la Asociación Nacional de Fabricantes de Pinturas y Tintas (ANAFAPYT).
- Paulina Anciola, Subdirectora de Estudios Económicos de BANAMEX.
- Israel Morales, Director Nacional del Comité Relación MX-USA y Asuntos Internacionales de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (INDEX).
- Dr. Alberto Bustamante, Presidente de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz (ANAPSA).
- Sonny Tabares, VP de Crédito y Riesgo de MUNDI, quien fungió como anfitrión y moderador del encuentro.
El paracaídas de las exportaciones ante la desaceleración
Durante el intercambio de datos, se destacó que a pesar de que el cierre del último año encendió alarmas por una contracción del 1.1% en el empleo manufacturero y un crecimiento general de la economía que roza apenas el 1%, el comercio exterior ha funcionado como el gran estabilizador. De acuerdo con el análisis de Banamex, la política comercial restrictiva de Estados Unidos hacia Asia terminó por generar un “efecto paracaídas” para México, blindando temporalmente sus exportaciones gracias a las preferencias arancelarias del tratado norteamericano.
No obstante, las proyecciones para este año se mantienen cautas. Mientras el consenso de analistas sitúa el crecimiento del PIB entre el 1.1% y el 1.3% —e instituciones como la OCDE recortan su expectativa al 0.8%—, el panel coincidió en que la resiliencia manufacturera será la única llave para evitar terreno recesivo. El dinamismo se observa de manera asimétrica; industrias vinculadas a la maquinaria especializada, la metalurgia, la tecnología y los recubrimientos avanzados ganan terreno impulsadas por el auge de la inteligencia artificial en EE. UU., mientras que el gigante automotriz navega aguas más turbulentas.

La joya de la corona en la mesa de negociación
El sector automotor de autopartes sigue siendo la principal moneda de cambio en la relación bilateral. Desde la trinchera de ANAPSA se enfatizó el peso del déficit comercial de Estados Unidos hacia México, el cual supera los 500,000 millones de dólares (donde el 80% corresponde a esta industria), provocando que las presiones de Washington apunten directamente a endurecer las reglas de origen.
La propuesta sobre la mesa de elevar el Valor de Contenido Regional (VCR) del 75% al 85%, exigiendo además que el 50% de ese total sea estrictamente de manufactura estadounidense, plantea un desafío logístico colosal. La reconfiguración de las cadenas productivas no ocurre de la noche a la mañana —el diseño de una plataforma automotriz toma al menos un lustro—, por lo que la firma de cartas paralelas que blinden a México de aranceles bajo las secciones 232 o 301 se vuelve una prioridad de supervivencia económica para el bloque de Norteamérica, el cual consume 17 millones de vehículos anualmente.
Del diagnóstico a la inacción: Las letras chiquitas del “Plan México”
La principal crítica del sector empresarial organizado (representado por INDEX y ANAFAPYT) hacia las políticas del gobierno federal radica en la desconexión entre la narrativa y la ejecución. El denominado “Plan México” dibuja metas ambiciosas, como elevar el contenido nacional en las cadenas productivas un 15% o generar 1.5 millones de empleos; sin embargo, los expertos señalaron que carece de las reglas de operación, los cómos y las métricas de evaluación indispensables para materializarse.
En la realidad operativa cotidiana, el sector privado denuncia que se está “poniendo el pie” a la inversión legítima a través de tres grandes cuellos de botella:
- Falta de infraestructura básica: La escasez de energía limpia, las restricciones de la Ley General de Aguas y la saturación del espacio industrial en el norte (con tasas de vacancia críticas de entre el 1% y 3% en Monterrey) frenan la llegada de nuevos capitales.
- Ahorcamiento fiscal y burocrático: Las modificaciones regulatorias al programa IMEX han incrementado sustancialmente la carga administrativa. ANAFAPYT reportó que se destinan excesivos recursos humanos a administrar la burocracia en lugar de a la producción, además de sufrir retrasos de meses en aduanas —hoy operadas bajo criterios militares no especializados— para liberar insumos clave como la acetona o metales terminados.
- Competencia desleal y comercio informal: Mientras las autoridades incrementan las auditorías sobre las industrias establecidas, la mitad de la economía de México opera en la informalidad. Asimismo, la dirección de ANAFAPYT alertó sobre la entrada masiva de mercancía china sin aranceles a través de fracciones con tasa cero, lo que introduce al mercado productos que no cumplen con normativas de etiquetado o salud, afectando directamente la competitividad nacional.

Capital y productividad: El verdadero paso atrás
Desde la perspectiva financiera de Mundi, se puso el acento sobre un problema silencioso pero devastador: el acceso al capital de trabajo. Con plazos de pago que las grandes corporaciones extienden a 90, 120 o 180 días, cerca del 70% de las PyMEs exportadoras e industriales se ven forzadas a financiarse a través de sus propios proveedores. Esta falta de bancarización y de liquidez inmediata se convierte en un “impuesto” interno más caro que cualquier arancel fronterizo.
Para recuperar la competitividad global, la clave no está en el precio de la mano de obra, sino en la productividad, la cual hila varios periodos a la baja. Los incrementos al salario mínimo, aunque justos para la masa laboral, se traducen en mayores costos inflacionarios para las PyMEs si no van acompañados de mayor eficiencia por unidad producida. Ante un sistema educativo rezagado, el sector privado ha asumido de forma unilateral el costo de la capacitación técnica y la formación en Manufactura 4.0 (robótica, automatización e IA) para subsanar lo que las aulas no proveen, logrando que el talento de la ingeniería mexicana siga siendo de los más cotizados a nivel internacional.

Conclusión: El plan industrial es privado
A falta de un andamiaje público eficiente, los clústeres industriales han tomado la iniciativa. Desde programas internos de sustitución de proveedores de terceros países para fortalecer el bloque norteamericano, hasta misiones comerciales en Europa para diversificar mercados, la manufactura demuestra que el verdadero “Plan México” lo sostienen los privados.
La ventana de oportunidad frente a Occidente sigue abierta, pero requiere un diálogo asertivo y un voto de confianza gubernamental. Si la fiscalización se mantiene como un freno en lugar de un filtro inteligente basado en perfiles de riesgo, y si no se garantiza el flujo de capital y la certidumbre jurídica elemental para proyectos de largo plazo, el potencial de la relocalización industrial corre el riesgo de quedarse únicamente en una buena historia de papel.















Leave a Reply