En el marco del Día Mundial de la Inocuidad Alimentaria, la industria procesadora analiza el uso de soluciones electrolizadas de superoxidación (SES) para frenar la resistencia antimicrobiana y asegurar las cadenas de suministro.
Por: Redacción Noticias Apyt
Ciudad de México.
La gestión de riesgos y la estandarización de procesos de sanidad en la industria de alimentos y bebidas (A&B) han dejado de ser meros requisitos de cumplimiento normativo para consolidarse como pilares críticos de la continuidad de negocio y la seguridad nacional. Las Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETAs) representan una de las cargas epidemiológicas y económicas más gravosas a nivel global, al ser el detonante directo de al menos 200 tipos de afecciones a la salud que comprometen el capital humano y saturan la infraestructura médica de los países.
Los indicadores técnicos divulgados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) exponen la magnitud del problema en vísperas del Día Mundial de la Inocuidad Alimentaria, conmemorado cada 7 de junio. Según las agencias internacionales, casi una de cada diez personas en el mundo enferma tras ingerir alimentos contaminados, lo que genera una pérdida de productividad masiva y provoca 420,000 muertes anuales. Dentro de este universo, los niños menores de 5 años absorben el 40% de la carga total, reportando 125,000 decesos cada año por causas estrictamente prevenibles.
Bajo el lineamiento global establecido para este periodo, “De la carga a las soluciones: alimentos inocuos en todas partes”, la agenda sectorial de la industria fabril se está reconfigurando hacia la adopción de innovaciones tecnológicas basadas en evidencia científica que permitan intervenir de manera segura toda la cadena de valor, desde los centros de acopio agrícola hasta el procesamiento y empaque industrial.
La introducción de nuevas moléculas y desinfectantes de alta ingeniería busca desplazar a los químicos convencionales que presentan problemas de corrosión o generación de resistencia bacteriana, redefiniendo las pautas de control en las plantas de producción:

El químico en alimentos Andrés Rivera García, especialista de la firma mexicana Esteripharma, analizó cómo la ciencia aplicada permite desarticular los vectores de contaminación cruzada sin alterar las propiedades organolépticas de los insumos o dañar la maquinaria de empaque:
“La inocuidad alimentaria es una responsabilidad compartida que requiere compromiso y mejores prácticas respaldadas por la ciencia. Hoy sabemos que el riesgo de contaminación por agentes patógenos o sustancias químicas nocivas se puede disminuir mediante intervenciones prácticas y seguras. Las soluciones electrolizadas de superoxidación (SES) con pH neutro se pueden integrar desde la producción y hasta el consumo para reducir la carga de ETAs”.
El especialista abundó en que este tipo de desarrollos tecnológicos ofrece un espectro antimicrobiano capaz de inactivar virus, bacterias, hongos y parásitos sin representar toxicidad para el ser humano: “Al no ser corrosivas, se pueden utilizar para implementar protocolos de limpieza y desinfección seguros y eficaces, lo que ayuda a evitar la contaminación cruzada con superficies y equipos que tienen contacto con el alimento… Incluso se considera una solución para resolver problemas de inocuidad emergentes como el biofilm y la resistencia a los antimicrobianos, así como para prevenir el deterioro de los alimentos y preservar su frescura por más tiempo. La meta de este 2026 es garantizar que la inocuidad y la seguridad alimentaria sean una prioridad a largo plazo, mediante la gestión de riesgos sólida y la implementación de medidas científicamente fundamentadas y efectivas”, concluyó Rivera García.

Mitigación del riesgo biológico en los sistemas alimentarios
Para los tomadores de decisión del sector corporativo y agroindustrial, la transición hacia tecnologías sustentables y seguras representa una ventaja competitiva fundamental. Las soluciones de superoxidación neutras no solo optimizan los costos asociados a las mermas por descomposición prematura de productos perecederos, sino que blindan la reputación de las marcas ante posibles retiros de producto del mercado (recalls) causados por brotes bacterianos.
Asimismo, los organismos de salud internacionales como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) insisten en que la eficiencia industrial debe complementarse con la educación en los hogares, promoviendo cinco medidas básicas de contención: el mantenimiento riguroso de la limpieza, el uso de agua y materias primas seguras, la separación estricta de alimentos crudos y cocinados para erradicar la contaminación cruzada, la conservación a temperaturas seguras (refrigeración a 5 °C o menos y mantenimiento calórico arriba de los 60 °C), y la cocción completa que garantice que los alimentos alcancen de manera interna los 70 °C. La convergencia entre la biotecnología aplicada en las plantas de empaque y las buenas prácticas ciudadanas constituye la única vía sostenible para transformar la gestión de la inocuidad en un motor de rentabilidad y salud pública de largo alcance.
















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