El desconocimiento de los códigos de resina y la falta de infraestructura limitan el aprovechamiento de materiales, sumando complejidades a una crisis global donde solo se procesa el 10 % de los residuos.
Equipo de redacción Noticias Apyt
Ciudad de México. — El consumo de bebidas y alimentos envasados incrementa notablemente durante las reuniones sociales y eventos deportivos, generando un volumen considerable de residuos como botellas de refresco, tapas, envases de yogurt y recipientes de comida para llevar. Al término de estos encuentros, la práctica común consiste en acumular la diversidad de desechos en una misma bolsa. Sin embargo, la mezcla de materiales con características distintas obstaculiza su posterior tratamiento, evidenciando la necesidad de una separación informada desde el origen.
A nivel global, la gestión de estos residuos representa un desafío crítico. De acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en el mundo se producen más de 400 millones de toneladas de plástico al año, de las cuales únicamente cerca del 10 % logra ser reciclado. Esta baja tasa de aprovechamiento se encuentra vinculada de forma directa a factores como la separación incorrecta en los hogares, el desconocimiento de los materiales utilizados en el consumo cotidiano y las carencias en la infraestructura de recolección y procesamiento.
Un elemento clave pero frecuentemente incomprendido en este escenario es el número inscrito dentro de un triángulo presente en los empaques. Identificado informalmente por los consumidores como el “triangulito del reciclaje”, su función técnica primordial no es garantizar la reciclabilidad automática del objeto, sino especificar el tipo de plástico o resina empleado en su fabricación. Que un envase sea efectivamente valorizado depende de variables externas que incluyen el diseño del empaque, su nivel de limpieza al momento del desecho, y las capacidades técnicas de los sistemas de reciclaje locales.
Clasificación técnica de los plásticos de consumo
Para optimizar la separación de residuos y orientar de mejor manera los materiales hacia las cadenas de recuperación existentes, se establece la siguiente clasificación basada en los códigos de resina:
- Número 1 – PET o PETE (Polietileno tereftalato): Presente de manera regular en botellas de agua, refrescos y jugos. Posee uno de los mayores potenciales de recuperación en los sistemas locales, siempre que se mantenga limpio y libre de contaminantes.
- Número 2 – HDPE (Polietileno de alta densidad): Utilizado en envases rígidos para detergentes, productos de limpieza y recipientes domésticos. Es un material con amplia viabilidad de aprovechamiento dentro de las infraestructuras de reciclaje convencionales.
- Número 3 – PVC (Policloruro de vinilo): Empleado en ciertos empaques y productos de estructura rígida. Debido a sus propiedades químicas, demanda procesos de manejo y recuperación especializados, limitando su aceptación en plantas tradicionales.
- Número 4 – LDPE (Polietileno de baja densidad): Característico de películas plásticas flexibles, bolsas y envolturas. Aunque su uso es masivo, su canalización hacia el reciclaje requiere de esquemas de recolección específicos.
- Número 5 – PP (Polipropileno): Se localiza en tapas de botellas, envases de yogurt y contenedores de alimentos. Cuenta con oportunidades significativas de inserción en la cadena de valor si es correctamente segregado.
- Número 6 – PS (Poliestireno): Presente en platos y vasos desechables, así como en su variante de poliestireno expandido (unicel). Este último presenta los mayores retos de mitigación por su ligereza, volumen y alta tendencia a la contaminación con residuos orgánicos.
- Número 7 – Otros plásticos: Categoría que agrupa mezclas complejas, resinas compuestas o nuevos polímeros que no encajan en las clasificaciones anteriores. Su viabilidad de reciclaje es baja y depende estrictamente de tecnologías de clasificación especializadas por localidad.

Especialistas del sector de la ciencia de materiales señalan que el proceso para una economía más circular involucra de manera corresponsable a los fabricantes en el diseño de empaques más limpios, a los gobiernos en el desarrollo de centros de clasificación eficientes, y al consumidor final, cuyas decisiones iniciales de limpieza y separación determinan el futuro del residuo.









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