El testimonio del exguardameta Cristóbal Campos expone las deficiencias estructurales en la atención emocional, mientras que en México los trastornos mentales ya superan la carga de enfermedad de la diabetes.
Por: Redacción Noticias Apyt Ciudad de México, 22 de mayo de 2026.
El bienestar emocional y la salud mental se han consolidado como uno de los desafíos de salud pública y corporativa más críticos de la década. Tradicionalmente relegados a la esfera privada, los trastornos depresivos están mostrando un impacto profundo en sectores de alta exigencia, como el deporte profesional, sirviendo como espejo de una problemática social que en México muestra cifras alarmantes y sin mejora estadística aparente.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2024 se registraron 9,051 fallecimientos por suicidio en México, lo que equivale a una tasa de 6.8 casos por cada 100 mil habitantes. Esta cifra representa un incremento del 120% en comparación con los registros de 2004 y un repunte del 43% en la última década.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) revela que el 16.7% de los adultos en el país presenta sintomatología depresiva, un indicador que se dispara al 38.3% en el sector de los adultos mayores. El estancamiento de estos niveles respecto a las mediciones de 2018-2019 confirma la falta de avances en las estrategias de contención institucional. Actualmente, las patologías mentales, neurológicas, el consumo de sustancias y el suicidio concentran el 16.3% de la carga total de enfermedad en la nación, superando el impacto de condiciones crónicas de alta incidencia como la diabetes.
El factor humano tras el alto rendimiento

El fenómeno adquiere un matiz complejo en los entornos de alta competencia, donde la presión por el rendimiento y el aislamiento social temprano suelen vulnerar las redes de apoyo de los atletas. Figuras internacionales de la talla de Simone Biles, Michael Phelps o el nadador Rafa Muñoz han visibilizado esta realidad, a la que hoy se suma el caso del exarquero chileno Cristóbal Campos.
Campos, quien debutó en la Copa Libertadores con el Club Universidad de Chile y se formó en las divisiones inferiores de Colo-Colo, sufrió la amputación de su pie derecho en septiembre de 2024 tras un grave accidente automovilístico en la Ruta 78. El incidente, según reveló el propio deportista, fue el resultado directo de crisis depresivas severas que arrastraba desde el año 2022.
Cristóbal Campos, exguardameta profesional, analizó la necesidad de reestructurar los esquemas de formación para dotar a los individuos de herramientas de gestión emocional antes de enfrentarlos a entornos competitivos colosales:
“Yo arrastraba una depresión por motivos personales desde 2022, lo que provocó que dejara durante un tiempo mi actividad. El hablar de mi condición en los medios y con mis compañeros me hizo muy vulnerable y en ese momento toqué fondo y atenté contra mi vida”,
relató el exfutbolista, quien tras sobrevivir al impacto enfoca sus esfuerzos en visibilizar la problemática.
“De los 11 a los 24 años tuve que sacrificar cosas y una de ellas fue no poder estar casi con mi familia en el día a día. Por eso trataba de guardarme las cosas y solucionar yo todo. En los momentos malos la red de apoyo es muy importante porque toda la gente hoy en día se aísla o se guarda las cosas para sí mismo … Es importante que se trabajen los temas de salud mental y emocional desde la formación porque hay momentos de frustración, en donde el jugador no se siente suficiente “,
concluyó Campos, quien actualmente continúa su rehabilitación mediante asistencia tecnológica alemana de fibra de carbono Ottobock.
Desafío técnico y accesibilidad médica
El caso de Campos también expone la brecha de atención médica especializada. En México, se estima que cerca de 24 millones de personas viven con algún tipo de trastorno mental; sin embargo, menos del 40% de los afectados recibe un tratamiento clínico adecuado.
La reinserción funcional y el tratamiento integral de los pacientes que sobreviven a crisis derivadas de trastornos emocionales demandan esfuerzos tanto psiquiátricos como de rehabilitación física avanzada. Los especialistas señalan que para perfiles de alta actividad, la recuperación de la movilidad requiere sistemas dinámicos que permitan una distribución equilibrada de la presión en el muñón (sistemas de encaje TSB con vacío de suspensión), evidenciando que la atención de las secuelas de esta crisis sanitaria exige soluciones complejas e interdisciplinarias.















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